PRÓLOGO

 

         Al publicar este librito debo lamentar que sepamos tan poco de la historia y de los monumentos antiguos de Tarraco. Las noticias que dan los escritores de la antigüedad y las inscripciones son escasas. Y de los monumentos queda muy poco, mucho menos que en Mérida, donde existen todavía el teatro, el anfiteatro y el circo. En Tarragona ellos han desaparecido casi por completo. La culpa del destrozo no la tienen solamente los enemigos extranjeros (germanos en los siglos III y VI y franceses en 1811 ) sino, en gran parte, los propios tarraconenses, a los que los monumentos antiguos servían de cantera, como, ante todo, el malogrado anfiteatro. Un americano amante de Tarragona ha ofrecido 200.000 pesetas para la excavación del anfiteatro. ¡Ojalá que se aproveche pronto esta noble oferta! Otro destrozo de gran importancia efectuado por los mismos tarraconenses es el de los dos brazos de la muralla ciclópea que unían la ciudad alta con el puerto y que PONS DE ICART, en 1570, aun veía bien conservados. Y al puerto ha ido gran parte de los restos de la ciudad romana del Imperio, a la que llamaban "cantera del puerto", sin que nadie se hubiese tomado la molestia de levantar antes del destrozo planos de las ruinas (1).

        Pero más criticable que estos destrozos anteriores es que hoy mismo corre peligro de ser destruído uno de los más importantes monumentos antiguos de Tarragona: el Foro de la Ciudad Imperial, si no se encuentra el medio millón de pesetas que hace falta para indemnizar al dueño del terreno. El destrozo del Foro sería una vergüenza para Tarragona y España. En otros países se gastan no medio millón sino millones en la conservación de restos antiguos, como se hizo, por ejemplo, en la Italia de Mussolini. CONSERVAR LOS MONUMENTOS HISTÓRICOS ES UN DEBER NO SÓLO CULTURAL SINO NACIONAL.

        Es también muy lamentable que no se haya hecho casi nada por conservar la muralla antigua de la Falsa Braga, que es única, no sólo en España sino en todo el Occidente, a pesar de ser ésta, desde 1884, "Monumento nacional". Recientemente han caído dos grandes trozos de dicha muralla y caerán otros si no se hace pronto una obra de consolidación fundamental (2). Con tanto descuido por la parte oficial no es extraño que si salen muros antiguos u otra cosa, los dueños los quitan cuanto antes para no ser molestados por los arqueólogos.

        Sólo contadas personas estudiaron los restos antiguos, y sus descripciones carecen de planos, como sucede aún en la segunda edición de la obra de HERNÁNDEZ SANAHUJA, del año 1892. La literatura arqueológica sobre Tarraco no es poca; pero la mayor parte de los autores eran sólo aficionados. Ello explica que no sea conocido tampoco el emplazamiento exacto que tenían edificios tan importantes como los templos de Júpiter Ammon y Augusto.

        Hace veinte años, en 1928, comenzaron unas excavaciones metódicas: las del DR. SERRA VILARÓ, en la necrópolis cristiana y en el Foro inferior. Estas excavaciones merecen gran elogio por su método científico y por haber sido publicadas inmediatamente y con buenos planos. Al señor NOGUÉS se debe la publicación con buenos planos de una excavación hecha en el anfiteatro en 1938.

        Lo que hace más falta es un plano nuevo y exacto de la Tarragona de hoy para indicar en él todos los restos antiguos. Como plano arqueológico, el del arquitecto don JOSÉ PUJOL, que acompaña este folleto, es el mejor que existe y merece gran elogio. El plano que acompaña la memoria de LLORT en el Butlletí Arqueològic, 1932, no tiene valor, habiendo en él cosas que no han existido nunca y  faltando otras importantes que aun existen, como los muros alrededor del Pretorio y del Foro superior con sus torres. Para un nuevo plano arqueológico el señor VALENTINES hace una buena labor preparatoria, indicando en una copia aumentada (1 : 500) del plano de Pujol todos los restos antiguos, hasta las inscripciones empotradas en las casas.

        Otro asunto muy desagradable es el del Museo Arqueológico de Tarragona. Seguramente el estado lamentable que hoy presenta se debe al período rojo. Entonces se llevaron sus objetos al Palacio del Arzobispo, como museo futuro, de donde, con mucho trabajo, han vuelto a su sitio anterior. Este doble trasbordo ha hecho mucho daño a los objetos. Pero ya antes el Museo estaba bastante mal por falta de un local adecuado, de una colocación científica de los restos y de una vigilancia suficiente. Conozco el Museo desde 1905 y lo he encontrado durante los cuarenta años transcurridos siempre en el mismo estado de descuido. El Museo ha tenido muchos directores (y hasta unas directoras), pero ninguno ha podido lograr la reforma tan necesaria. Y si, por fin, se ha decretado un nuevo local y ya están hechos los planos para ello, temo que aun pasarán años y años hasta que el pobre Museo pueda ser instalado en el nuevo local, junto a la Torre de Pilatos.

        Entre las personas que se han esforzado en conservar los restos antiguos y colocarlos en el Museo destacan, ante todo, HERNÁNDEZ SANAHUJA, que ha sido su director durante cuarenta años (1852-1893) (3), y la Sociedad Arqueológica, que hace poco celebró su centenario fundacional.

        Para terminar este prólogo melancólico con un final agradable, doy mis gracias a las personas que me han prestado su ayuda en mis investigaciones tarraconenses durante mis estancias en la ciudad, en total unos cuatro años. Ante todo a don ISIDRO VALENTINES (profesor del Instituto ), que me comunicó sus conocimientos topográficos, me acompañó por la ciudad y el campo de Tarragona e hizo las fotos de este libro. Los señores DR. BATLLE, DR. OLIVES Y SÁNCHEZ REAL, me ayudaron en la corrección de las pruebas.

        Mi librito, que escribí "con amore", carece de retórica; en cambio, es breve y científico.

A. SCHULTEN

        Tarragona, febrero de 1948.


 (1) LUIS DEL ARCO, Guia de Tarragona (1906), pág. 28, dice: "Ya mediado el siglo XIX tuvo Tarragona un largo apogeo mercantil e industrial, que hizo necesario su ensanche y la reforma de su puerto. Para conseguir ambas cosas fué necesario desmontar parte de su colina, desde la Rambla de San Carlos hasta el mar, y entonces fué cuando surgió de su suelo, como una nueva Pompeya, la antigua y opulenta Tarraco. Los siglos habían sepultado todos los vestigios romanos, y al remover la tierra para abrir los cimientos de las modernas edificaciones, brotaron a millares las estatuas, relieves, frisos, lápidas, mosaicos, ánforas, monedas y objetos de todos los órdenes, es decir, todo un mundo arqueológico que se arrojó al mar para relleno del puerto."

 (2) Se puede leer la triste historia, una verdadera "Via crucis", de la muralla, en la memoria de PERE LLORT Les muralles de Tarragona ("Butlletí Arqueologic", 1932), donde se refieren las fases del destrozo y las tentativas más o menos infructuosas por conservarla.

(3) Es raro que hombre de tanto mérito tuviera la flaqueza de falsificar un sarcófago con figuras "egipcias".


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